Mensaje por el Día de la madre PDF Imprimir E-mail

FOTOS DEL HOMENAJE A LAS MADRES

 

Homenaje a las madres

 


 

Mensaje por el día de la madre

 

"Bienaventurado el vientre que te trajo, y los pechos que mamaste" Lucas 11:27


Leer Juan 6:1-13

 

 

1 Algún tiempo después, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea (o de Tiberíades).2 Y mucha gente lo seguía, porque veían las señales milagrosas que hacía en los enfermos.3 Entonces subió Jesús a una colina y se sentó con sus discípulos.4 Faltaba muy poco tiempo para la fiesta judía de la Pascua.
5 Cuando Jesús alzó la vista y vio una gran multitud que venía hacia él, le dijo a Felipe:
   —¿Dónde vamos a comprar pan para que coma esta gente?
6 Esto lo dijo sólo para ponerlo a *prueba, porque él ya sabía lo que iba a hacer.
7 —Ni con el salario de ocho meses podríamos comprar suficiente pan para darle un pedazo a cada uno —respondió Felipe.
8 Otro de sus discípulos, Andrés, que era hermano de Simón Pedro, le dijo:
9 —Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos pescados, pero ¿qué es esto para tanta gente?
10 —Hagan que se sienten todos —ordenó Jesús.
   En ese lugar había mucha hierba. Así que se sentaron, y los varones adultos eran como cinco mil.11 Jesús tomó entonces los panes, dio gracias y distribuyó a los que estaban sentados todo lo que quisieron. Lo mismo hizo con los pescados.
12 Una vez que quedaron satisfechos, dijo a sus discípulos:
   —Recojan los pedazos que sobraron, para que no se desperdicie nada.
13 Así lo hicieron, y con los pedazos de los cinco panes de cebada que les sobraron a los que habían comido, llenaron doce canastas. 



Ustedes se preguntarán ¿Qué tiene que ver este texto con las madres?

¿Dónde están las madres en esta historia de Jesús?.

 

Se los voy a decir: Está en el ombligo del niño que ofreció sus cinco panes y sus dos peces para alimentar a la multitud. Sí, el ombligo es la prueba de que todos tenemos o tuvimos una madre. Si ese chico tenía ombligo, hubo una madre. El ombligo es una marca materna que nos acompaña toda la vida. El chico de la historia nos muestra que su madre dejó en él otras marcas además de una cicatriz umbilical


Antes de seguir me gustaría hacer un comentario exegético muy importante. La palabra “niño” en el original griego es paidarion, que significa “pequeña criatura”, y puede referirse tanto a un niño como a una niña. Podemos perfectamente leer esta historia considerando que uno de los personajes principales era una niña. Sea niño o sea niña, carga en sí las marcas de la influencia materna.
Tratemos de identificar algunas de esas marcas.
Una primera marca materna
queda evidenciada por la formación intelectual de aquella criatura. Al existir escuelas formales, la madre era la que velaba la educación de la pequeña criatura.

En una época en la que pocos se preocupaban por despertar el interés de los chicos por los estudios y por la búsqueda del conocimiento, un niño o una niña que bien pudo haberse quedado jugando en la playa, deja sus juegos y se encuentra a los pies de un renombrado maestro que hablaba en las colinas cercanas. Conociendo a los chicos, no es difícil imaginar que esta criatura tenía una madre interesada en su desarrollo intelectual. Porque eso, si se daba, estaba dentro de las tareas maternas. Entonces tiene que haber sido por influencia de su madre que aquella criatura se dispuso a oír al famoso rabino que enseñaba a la gente que lo rodeaba.



Tomemos en cuenta que en el tiempo de Jesús religión y educación eran una sola cosa. Dedicarse a la educación era lo mismo que dedicarse al desarrollo espiritual. Por eso decimos que el estímulo recibido de su madre dejó marcas intelectuales y espirituales permanentes en esa personita.

Otra marca materna se nota en el vigor físico de aquella criatura.

He ahí un niño o una niña cuya autonomía y vigor le permiten caminar por las colinas y acompañar por propio interés, al maestro, durante largas horas-cátedra.

Fijémonos también que cuando esta madre deja ir a su hijo a la escuela itinerante con el ilustre maestro, no lo manda con las manos vacías. Al contrario, lo cuida dándole una merienda sustanciosa y como suele suceder con las madres, un poco exagerada: le prepara para que se haga cinco sanguches de pescado. Eso demuestra que la preocupación intelectual y espiritual no quita que cuide de la salud y del bienestar físico.


La palabra pecesito que aparece en los vs 9 a 11 –“opsarion”, en griego- significa un plato preparado con pescado cocido y sazonado con sal y especias. Quiere decir que el niño o niña no andaba con peces frescos que podrían echarse a perder durante el día, sino con una comida sabrosa cuidadosamente preparada. En un chico saludable hay una marca definitiva del cuidado materno.


Una tercera marca materna se deja ver a través del carácter de aquella criatura.

Además del la formación intelectual y del desarrollo físico podemos percibir que aquella madre también marcó definitivamente el carácter de esa criatura. Justamente cuando la multitud estaba hambrienta y Jesús propone que la gente comparta lo que habían traído, todos escondieron lo que tenían. Porque es impensable que nadie más hubiera salido preparado para pasar el día. Sólo el niño, o niña, hizo algo diferente: le ofreció su comida a Jesús y a la multitud. ¿de quién había aprendido a compartir? ¿Cómo había aprendido a practicar la misericordia? . ¿Con quién había aprendido a ser solidario?. Esa es una de las cosas que se aprenden en casa, con el ejemplo de una madre solidaria y dadivosa.


Qué maravilloso encuentro éste entre Jesús y la criatura. La Biblia no nos habla explícitamente de esa madre, pero una lectura atenta de esta historia nos muestra que ella estaba allí de varias maneras. Y podemos ver sus marcas no solamente en el ombligo del niño sino en su estatura intelectual, en su integridad física, y principalmente en la fuerza de su carácter.


Para ser justos en estas reflexiones, debemos considerar la hipótesis de que tal vez esta criatura no tuviese madre. ¿Y si fuese un huérfano?. Es una posibilidad que tal vez le deba todo eso a su padre, o a una tía, o a los abuelos, o a una hermana mayor, o hasta puede ser a una madre adoptiva. Sea quien fuere, dejó en su persona lo que podemos llamar
“marcas maternas”.

Todos aquellos y todas aquellas que nos marcan en la vida ejercen sobre nosotros (as) una especie de maternidad. Si me miro el ombligo veo a mi madre. Al observar algunas marcas físicas como el color de mis ojos o de mi piel, mis ideas, mis convicciones, mis rasgos de madurez, mi carácter, veo a mi madre y a mi padre, y a aquellos y aquellas que me influenciaron maternalmente y me dejaron marcas que serán imborrables mientras viva.


Hoy podemos celebrar a nuestra madre carnal, y a muchas otras madres incluso a personas que no habrán parido hijos, pero ¡qué marcas nos han dejado!. Que el Señor de la vida las siga bendiciendo, rodeándolas de su amor. y misericordia. Amén

 

 

¡FELÍZ DÍA DE LA MADRE!

Rev. Javier Ochoa Jara

 

 

 

 

 

 








Comentarios







Escribir comentario
Nombre:
Email:
 
Título:
Código UBB:
[b] [i] [u] [url] [quote] [code] [img] 
 
:angry::0:confused::cheer:B):evil::silly::dry::lol::kiss::D:pinch:
:(:shock::X:side::):P:unsure::woohoo::huh::whistle:;):s
:!::?::idea::arrow:


Por favor introduce el código anti-spam que puedes leer en la imagen.
 
   



3.26 Copyright (C) 2008 Compojoom.com / Copyright (C) 2007 Alain Georgette / Copyright (C) 2006 Frantisek Hliva. All rights reserved."

 

Página central
JoomlaWatch Stats 1.2.7 by Matej Koval